Croquetas de jamón receta de la abuela, doradas y crujientes, con un interior cremoso de bechamel y jamón

Croquetas de jamón: receta de la abuela, cremosa y fácil paso a paso

Croquetas de jamón: receta de la abuela, cremosa y tradicional

Hay recetas que nunca pasan de moda y que nos transportan directamente a la cocina de nuestras abuelas. Las croquetas de jamón caseras son una de ellas. Crujientes por fuera, suaves y cremosas por dentro, con ese sabor inconfundible del jamón y una bechamel preparada con paciencia.

Aunque hoy podemos encontrar croquetas de todo tipo, pocas cosas se comparan con unas buenas croquetas hechas en casa. De esas que se preparan con ingredientes sencillos, se dejan reposar y se fríen justo antes de sentarse a la mesa.

En esta receta vamos a enseñarte cómo hacer croquetas de jamón al estilo de la abuela, siguiendo un método tradicional y explicando los pequeños trucos que marcan la diferencia: las proporciones de la bechamel, cómo evitar los grumos, cuánto tiempo debe reposar la masa y cómo conseguir un rebozado dorado sin que las croquetas se abran.

Una receta perfecta para una comida familiar, un aperitivo de domingo o para tener siempre unas cuantas croquetas caseras guardadas en el congelador.

Ingredientes para hacer croquetas de jamón de la abuela

El secreto de unas buenas croquetas comienza por elegir ingredientes de calidad y utilizar las cantidades adecuadas.

Para preparar aproximadamente 25-30 croquetas medianas necesitaremos:

Ficha de la receta

Dificultad media

Preparación y cocción

55-70 min

Reposo

6-12 horas

Raciones

25-30 unidades

Cocina

Española tradicional

Para la bechamel

Para el rebozado

Reiniciar ingredientes

¿Qué jamón es mejor para las croquetas caseras?

Para esta receta puedes utilizar jamón serrano de buena calidad. No es imprescindible recurrir a un jamón ibérico de precio elevado, aunque si tienes algunas puntas o recortes de jamón ibérico, pueden aportar un sabor especialmente intenso.

Lo importante es que el jamón esté picado en trozos pequeños y que su sabor no resulte excesivamente salado.

Si utilizas una punta de jamón curado, retira previamente las partes muy duras y la grasa que pueda resultar desagradable al masticar.

Un consejo: no añadas sal a la bechamel hasta el final. El jamón ya contiene una cantidad considerable y es fácil que las croquetas queden demasiado saladas.

Cómo hacer croquetas de jamón de la abuela paso a paso

Preparar croquetas caseras requiere algo de tiempo, pero el proceso es sencillo cuando conocemos los pasos y respetamos los tiempos de cocción y reposo.

1. Preparar el jamón

Lo primero es cortar el jamón serrano en taquitos pequeños. Cuanto más uniformes sean, mejor se repartirán por la masa y más agradable será la textura de cada croqueta.

Pon una sartén amplia o una cazuela de fondo grueso a fuego medio-bajo y añade la cucharada de aceite de oliva.

Incorpora el jamón y saltéalo suavemente durante unos 30-60 segundos, lo justo para que desprenda parte de su aroma. No debemos dorarlo en exceso, porque podría endurecerse o concentrar demasiado su sabor salado.

Retira el jamón y resérvalo. Deja en la sartén el aceite aromatizado para preparar la bechamel.

2. Preparar la base de la bechamel

Añade los 100 gramos de mantequilla a la misma sartén y deja que se derritan a fuego medio-bajo.

Cuando esté completamente fundida, incorpora la harina de trigo.

Remueve continuamente con unas varillas o una espátula de madera durante unos 2-3 minutos.

Este paso es fundamental: la harina debe cocinarse lo suficiente para perder su sabor a crudo, pero sin llegar a tostarse demasiado.

Se formará una mezcla espesa de mantequilla y harina conocida como roux, que constituye la base de nuestra bechamel.

3. Incorporar la leche poco a poco

Templa ligeramente la leche en un recipiente aparte.

Comienza a incorporarla a la mezcla de mantequilla y harina, añadiendo pequeñas cantidades mientras remueves enérgicamente.

Al principio se formará una pasta bastante espesa. Es completamente normal.

Continúa añadiendo la leche progresivamente, procurando que cada incorporación quede bien integrada antes de añadir la siguiente.

De esta manera conseguiremos una bechamel suave y evitaremos la aparición de grumos.

Cuando hayas incorporado toda la leche, mantén la mezcla a fuego medio-bajo y continúa removiendo.

4. Cocinar la bechamel hasta conseguir la textura adecuada

Aquí se encuentra uno de los grandes secretos de las croquetas de nuestras abuelas: la paciencia al cocinar la bechamel.

La masa debe cocinarse lentamente durante aproximadamente 15-25 minutos, dependiendo de la intensidad del fuego y del recipiente utilizado.

Es importante remover con frecuencia, especialmente por el fondo y las esquinas de la cazuela, para evitar que se pegue.

A medida que la bechamel se cocina, irá adquiriendo una consistencia más espesa y homogénea.

¿Cómo saber si está lista?

Al pasar la espátula por el fondo de la sartén debe quedar un surco visible durante un instante antes de que la masa vuelva a juntarse.

También notarás que la bechamel comienza a separarse ligeramente de las paredes del recipiente al removerla.

No debemos buscar una masa excesivamente dura. La clave está en conseguir el equilibrio entre una textura suficientemente consistente para formar las croquetas y una cremosidad agradable al comerlas.

5. Incorporar el jamón y ajustar el sabor

Cuando la bechamel esté casi lista, incorpora el jamón que habíamos reservado.

Mezcla cuidadosamente para que los taquitos se distribuyan por toda la masa.

Añade una pequeña cantidad de nuez moscada y pimienta negra si te gustan estos sabores.

Prueba la mezcla y añade sal únicamente si lo consideras necesario.

Cocina todo junto durante 2-3 minutos más, removiendo para integrar bien los ingredientes.

6. Dejar reposar la masa de croquetas

Vierte la masa en una fuente amplia y distribúyela de manera uniforme.

Deja que pierda el calor más intenso y cúbrela con film alimentario en contacto directo con la superficie para evitar que se forme una capa seca.

Introduce la fuente en el frigorífico.

Lo recomendable es dejar reposar la masa durante un mínimo de 6 horas, aunque lo ideal es prepararla de un día para otro.

Durante este tiempo, la masa se enfriará y adquirirá la consistencia necesaria para poder darle forma sin dificultad. No la dejes toda la noche a temperatura ambiente.

7. Dar forma a las croquetas y rebozarlas

Una vez que la masa esté completamente fría, llega el momento de formar las croquetas.

Puedes utilizar dos cucharas para darles su forma alargada tradicional o ayudarte de las manos ligeramente humedecidas.

Procura hacerlas de un tamaño similar para que después se frían de manera uniforme.

Prepara dos recipientes: uno con los huevos batidos y otro con el pan rallado.

Pasa cada croqueta primero por el huevo y después por el pan rallado, asegurándote de que toda la superficie quede cubierta.

Si prefieres una corteza más consistente, puedes repetir el rebozado con una segunda capa de huevo y pan rallado.

Coloca las croquetas sobre una bandeja y, si están muy blandas, déjalas enfriar otros 20-30 minutos antes de freírlas.

8. Freír las croquetas hasta que estén doradas

Calienta abundante aceite en una sartén honda o freidora hasta alcanzar aproximadamente 175-180 °C.

Introduce las croquetas en pequeñas tandas, evitando llenar demasiado la sartén para que la temperatura del aceite no descienda bruscamente.

Fríelas durante unos 2-3 minutos, girándolas cuando sea necesario, hasta que tengan un color dorado uniforme.

El tiempo exacto dependerá del tamaño de las croquetas y de la temperatura del aceite.

Retíralas con una espumadera y colócalas brevemente sobre papel de cocina o una rejilla para eliminar el exceso de aceite.

Sírvelas recién hechas.

El resultado será una croqueta con una corteza fina y crujiente que contrasta con el interior suave y cremoso de la bechamel.

Los secretos de la abuela para conseguir croquetas de jamón cremosas

Aunque los ingredientes son sencillos, hay algunos detalles que pueden transformar una croqueta normal en una croqueta realmente deliciosa.

Utilizar leche entera

La leche entera aporta una textura más suave y un sabor más redondo a la bechamel.

Es posible elaborar croquetas con leche semidesnatada, pero la sensación cremosa puede ser algo diferente.

Cocinar bien la harina

Uno de los errores más habituales es incorporar la leche demasiado pronto, sin haber cocinado correctamente la harina.

Dedicar unos minutos a este paso evita que las croquetas tengan ese desagradable sabor a harina cruda.

No añadir demasiada harina

Si añadimos más harina de la necesaria, obtendremos una masa fácil de manipular, pero unas croquetas pesadas y poco cremosas.

Por el contrario, si utilizamos muy poca harina, la masa puede resultar demasiado blanda y dificultar el formado.

Con la proporción de esta receta conseguimos una masa equilibrada, pensada para obtener croquetas cremosas que mantengan su forma después del reposo.

Respetar el tiempo de reposo

Una buena masa de croquetas necesita enfriarse.

Intentar formarlas cuando todavía están templadas puede provocar que se peguen a las manos, pierdan su forma o resulten difíciles de rebozar.

Preparar la masa el día anterior es una de las mejores maneras de organizar esta receta.

Controlar la temperatura del aceite

Si el aceite está demasiado frío, el rebozado absorberá más grasa y las croquetas pueden abrirse.

Si está excesivamente caliente, se dorarán demasiado rápido por fuera sin que el interior llegue a calentarse correctamente.

La temperatura aproximada de 175-180 °C suele ofrecer buenos resultados.

¿Por qué se abren las croquetas al freírlas?

Una de las frustraciones más frecuentes al preparar croquetas caseras es comprobar que se rompen al introducirlas en el aceite.

Las causas pueden ser varias.

Una masa demasiado blanda, un reposo insuficiente o un rebozado con zonas descubiertas pueden facilitar que la bechamel salga durante la fritura.

También influye la temperatura del aceite y la cantidad de croquetas que introducimos en cada tanda.

Para evitarlo, comprueba que la masa está completamente fría, que las croquetas están bien cerradas y que el aceite mantiene una temperatura adecuada.

Si es la primera vez que preparas esta receta, puedes freír una sola croqueta de prueba antes de cocinar todas las demás.

Así podrás comprobar si la masa y el rebozado tienen la consistencia correcta.

Cómo conservar y congelar croquetas de jamón caseras

Una de las grandes ventajas de preparar croquetas en casa es que podemos hacer una cantidad generosa y guardar parte para otro día.

Conservarlas en el frigorífico

Si ya has formado y rebozado las croquetas, guárdalas en un recipiente cerrado dentro del frigorífico.

Lo recomendable es freírlas en las siguientes 24 horas.

La masa cocinada también puede conservarse refrigerada durante 2-3 días, siempre que se haya enfriado rápidamente y se mantenga a 4 °C o menos.

¿Se pueden congelar las croquetas antes de freírlas?

Sí. De hecho, es una de las mejores maneras de disponer de croquetas caseras listas para preparar en cualquier momento.

Coloca las croquetas ya rebozadas sobre una bandeja, separadas entre sí.

Introdúcelas en el congelador hasta que estén firmes.

Después puedes trasladarlas a bolsas de congelación o recipientes herméticos, evitando que queden aplastadas.

Para disfrutar de la mejor calidad, es aconsejable consumirlas dentro de los siguientes 2-3 meses.

Cómo freír croquetas congeladas

No es necesario descongelarlas previamente.

Puedes introducirlas directamente en el aceite caliente, en pequeñas tandas y con especial cuidado para evitar salpicaduras.

El tiempo de fritura será mayor que en el caso de las croquetas refrigeradas.

Si son grandes, conviene comprobar que el centro está completamente caliente antes de servirlas.

Variantes de la receta tradicional de croquetas

Aunque las croquetas de jamón son uno de los grandes clásicos de la cocina española, la misma base permite preparar otras versiones igualmente sabrosas.

Croquetas de jamón y queso

Podemos añadir una pequeña cantidad de queso rallado a la bechamel para conseguir un interior todavía más fundente.

Conviene elegir un queso que no tenga un sabor demasiado intenso para que el jamón siga siendo el protagonista.

Croquetas de cocido de la abuela

Las croquetas de cocido son otro ejemplo perfecto de la cocina de aprovechamiento.

Se preparan utilizando la carne sobrante del cocido, bien desmenuzada, y mezclándola con una bechamel tradicional.

En algunas casas también se añade un poco de jamón para potenciar el sabor.

Croquetas de pollo caseras

Otra alternativa es sustituir el jamón por pollo cocinado y desmenuzado.

Es una manera estupenda de aprovechar las sobras de pollo asado o de un caldo casero.

En todos los casos, la técnica de elaboración de la bechamel es muy similar, aunque conviene ajustar los condimentos según el ingrediente principal.

Con qué acompañar unas croquetas de jamón caseras

Las croquetas de jamón pueden servirse como aperitivo, entrante o incluso como parte de una comida informal.

Si las preparamos para una reunión familiar, podemos presentarlas en una fuente grande en el centro de la mesa y acompañarlas de otros platos tradicionales.

También combinan muy bien con una ensalada verde fresca, tomates aliñados o unas verduras asadas.

La acidez y frescura de estos acompañamientos ayudan a equilibrar la cremosidad de la bechamel y el carácter del jamón.

Para una comida de estilo tradicional, también podemos servirlas junto a una tortilla de patatas o una selección de tapas caseras.

Preguntas frecuentes sobre las croquetas de jamón de la abuela

¿Qué ingredientes llevan las croquetas de jamón?

Las croquetas de jamón tradicionales se preparan con jamón serrano, leche, harina de trigo, mantequilla o aceite, huevos, pan rallado y aceite para freír. También se pueden añadir nuez moscada, pimienta negra y una pequeña cantidad de sal.

¿Cuáles son los ingredientes de las croquetas de jamón de la abuela?

La receta de la abuela suele basarse en una bechamel casera elaborada con leche, harina y mantequilla, a la que se incorpora jamón picado. Después de enfriar la masa, las croquetas se rebozan y se fríen hasta quedar doradas.

¿Cuánta harina hay que poner para un litro de leche en las croquetas?

Para unas croquetas cremosas, una proporción orientativa es utilizar entre 110 y 130 gramos de harina por litro de leche. La cantidad exacta dependerá de la consistencia deseada y del resto de ingredientes. En esta receta utilizamos 110 gramos de harina para 900 ml de leche.

¿Cómo conseguir que las croquetas queden cremosas por dentro?

La clave está en utilizar las proporciones adecuadas de harina y leche, cocinar bien la bechamel y respetar el tiempo de reposo. También es importante evitar una fritura demasiado prolongada.

¿Cuánto tiempo hay que dejar reposar la masa de croquetas?

Es recomendable que la masa repose en el frigorífico durante al menos 6 horas. Prepararla el día anterior y dejarla enfriar durante toda la noche facilita el formado y mejora la consistencia de las croquetas.

¿Por qué las croquetas se quedan blandas y no se pueden formar?

Esto puede ocurrir cuando la bechamel contiene demasiado líquido, no se ha cocinado lo suficiente o todavía no está bien fría. El reposo ayuda a que la masa adquiera consistencia, pero no siempre corrige una proporción incorrecta de ingredientes.

¿Se pueden hacer croquetas de jamón sin mantequilla?

Sí. Puedes sustituir la mantequilla por aceite de oliva suave, ajustando la cantidad. El sabor y la textura serán ligeramente diferentes, pero también se puede conseguir una bechamel adecuada para croquetas.

El sabor de las croquetas caseras de toda la vida

Preparar croquetas de jamón con la receta de la abuela es una manera de recuperar uno de los platos más queridos de nuestra cocina tradicional.

No se necesitan ingredientes difíciles de encontrar ni técnicas demasiado complicadas. Basta con una buena bechamel, jamón de calidad y un poco de paciencia.

El verdadero secreto está en prestar atención a los pequeños detalles: cocinar correctamente la harina, añadir la leche de forma gradual, dejar reposar la masa y controlar la fritura.

Porque unas buenas croquetas caseras no se reconocen únicamente por su sabor, sino también por ese primer bocado que combina una corteza crujiente con un interior suave, caliente y lleno de sabor.

Y si preparas algunas de más, siempre puedes congelarlas para disfrutar de unas croquetas recién hechas otro día.

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